Días atrás, Moody’s Investors Service le bajó notas a cinco bancos grandes y medianos, inclusive la poderosa Caja de Ahorros del Mediterráneo. En ese caso y otros, la calificadora habló de un “veloz deterioro en la calidad de activos”.
Por otra parte, hubo la semana pasada un golpe exógeno. Cuando el gigante británico Barclay’s divulgó los resultados del segundo trimestre, anticipo un cargo por £ 100 millones (US$ 195 millones) para cubrir pérdidas hipotecarias españolas. Poco después, la consultoría especializada Keefe, Bruyette & Woods tiene dudas sobre Banco Popular y Banco de Sabadell: las operaciones inmobiliarias y la construcción forman 20% de ambas carteras.
Moody’s y Standard & Poor’s no descartan un aterrizaje forzoso, en un contexto sin liquidez que lo amortigüen. Pero, por otro lado, el sistema no ha sido objeto de rescates con dineros públicos, al estilo de Henry Paulson y Benjamin Bernanke. En parte, porque los reguladores obligaban a congelar reservas en buenos tiempos y prohibieron el uso de vehículos financieros ajenos a los balances, como era habitual en EE.UU., Gran Bretaña, Francia o Suiza…
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